29 de septiembre de 2009

Santa Lucía

Hay quien cree que la Semana Santa se circunscribe tan sólo a una sola semana… pero yo nunca lo he creído. La entrada del otoño o la lejanía para escuchar en voz de alguien que la ‘la primera está Campana’ no son motivos suficientes como para no sentir, vivir y degustar una cofradía de barrio en pleno septiembre como si fuese una Hermandad más que hace su estación de penitencia a la S.I Catedral de Sevilla durante la semana mayor.

Y es que algo parecido me sucedió el pasado domingo cuando fui en la búsqueda del paso de Santa Lucía. Aclaro que Laura no había pasado buena noche pero fue ella quien nos empujó a salir y encontrar esta preciosa cofradía. El primer encuentro lo tuvimos en la calle Santa Ángela de la Cruz, en la estrechez del colegio de San Francisco de Paula. Nada de mal sitio para ver un paso, lo sé. Fue cuando volví a comprobar que la Semana Santa no se reduce a una simple semana: Ambiente casi a mañana de Domingo de Ramos… incienso de Pasión… niños con cirios que recordaban a tramos de la Borriquita, representaciones de numerosas Hermandades vecinas, capataz en su sitio y una cuadrilla de costaleros que llevaban a Santa Lucía con mucho arte y finura.


Ya en calle Alhóndiga volví al encuentro de este paso tan singular y sevillano. Esta vez me coloqué (llevando en brazos a Laura) en lugar privilegiado (se puede observar en la foto), justo en frente de la Casa Hermandad de esta humilde cofradía. Dentro habían preparado un improvisado altar mayor con bastante gusto, la verdad, y esperaban en su puerta miembros de la Junta de Gobierno. Cuando llegó el paso el capataz mandó a sus costaleros para que situaran a Santa Lucía frente a su casa de Hermandad. “Pararse ahí”, se escuchó gritar. No tardaron muchos segundos para volver a escuchar la voz del capataz: “Estamos delante de nuestra casa hermandad. Va a tocar el martillo nuestro hermano mayor”. Éste se situó delante del paso y casi agachado exclamó: “Esta levantá va por todos nuestros hermanos que están en el cielo y tanto han hecho por esta Hermandad. Va por ellos. ¡Tos por igual valientes… a ésta es!”.

Sin duda viví un momento precioso, lleno de emoción y nada envidiable a cualquier instante de nuestra semana mayor. Aunque fuera septiembre, nada impidió para que mi corazón latiera como si de un Sábado de Pasión se tratara.

4 comentarios:

El callejón de los negros dijo...

Las mañanas en Sevilla son un patrimonio que no debemos perder. Y dura todo el año.

Salud(os)

Antonio

Jordi de Triana dijo...

Gracias a Dios nuestras hermandades de Gloria vuelven por sus fueros.
Has descrito magistralmente uno de esos momentos de intimismo que podemos encontrar en el marco incomparable de nuestra Sevilla.
Al igual que te ocurre a ti, amigo Híspalis, desde que nació mi pequeña vivo las Glorias con mayor cariño.


Un fuerte abrazo y espero que pronto podamos volver a reunirnos.

No creas que os olvido. No te puedes imaginar los últimos meses que estoy viviendo. La salud de la familia no atraviesa el mejor momento.

Al menos me queda la ilusión de ver nacer a mi segunda niña, tal vez, hoy mismo.

Híspalis dijo...

Y tanto Antonio, hay que disfrutar esas mañanas... ya falta menos...

Querido Jordi: Sé que estás pasando por un mal momento... deja pasar el tiempo y por favor no olvides informarnos del nacimiento... esta tarde, en nustra radio de los blogueros t mandaremos mucho ánimo. Escuchanos...

dama dijo...

Otro de los incovenientes de la Segunda división, perderte a "La Santa" como la llamamos sus parroquianos.