26 de junio de 2009

Olvidos y recuerdos

- Y tú ¿quién eres? ¿Qué haces aquí?
- Marina, soy Pepe, tu yerno, te has quedado dormida mientras leía a tu lado y…
- ¡No te conozco de nada! Sal de aquí… ¿dónde está mi madre?...
En ese instante aparece su hija por la puerta de la habitación y pregunta:
- Mamá, por favor, es Pepe, mi marido, tu yerno, no le hables así, como si fuera uno cualquiera…
- ¡Menos mal que has venido Mamá! ¡estaba asustada con éste…!
- Que no soy tu madre, soy tu hija…
- Mamá, quiero que me lleves al pueblo, a ver a mi novio, pero antes quiero que me montes en los ‘cacharritos’ del parque.
- Claro Marina, no te preocupes, ya veremos…

Totalmente resignada miró a su marido e intentando ocultar algunas lágrimas dijo: “No puedo más; no sé qué hacer… necesito ayuda”. Mientras apretaba fuertemente por un lado la mano de Pepe y por el otro la mano de Marina recordó cómo comenzó este infierno de enfermedad…

Una tarde encontró a su madre parada al filo de la escalera de casa y le preguntó qué hacía ahí… “Hija, no sé, he olvidado si tengo que subir a por algo, o si acabo de bajar, tengo la cabeza loca, no me eches cuenta…”. En otra ocasión, frente a la nevera escuchó hablar en alto a su madre: “¿Acabo de guardar alguna comida, o vine para sacar algo?, Dios mío, qué cabeza la mía, me voy a volver loca”. También recuerda cómo -cada vez más- olvidaba muchas cosas. Le contaba las mismas historias que hacía unas horas: “Mamá, esto ya me lo dijiste esta mañana ¿no te acuerdas?”. Y ella le contestaba: “Hija, no te enfades, lo he olvidado… ¡qué cabeza tengo!”.

Esta historia que os relato es aún, por desgracia, bastante frecuente entre muchas familias que tienen que enfrentarse con un sufrimiento llamado Alzehimer. Una
enfermedad neurodegenerativa, que se manifiesta como deterioro cognitivo y trastornos conductuales, caracterizándose -en su forma típica- por una pérdida progresiva de la memoria. En la mayoría de los casos los enfermos desarrollan una especie de retroceso en la memoria, creyéndose y actuando como auténticos niños. Para la familia es algo más que una enfermedad pues tienen que tratar a sus madres o padres, abuelos o abuelas, como si fuesen menos que adolescentes. Algo tremendamente difícil, doloroso y duro de llevar.

Las mentes de estos enfermos regresan a la más tierna infancia y en algunos casos con determinadas manías, como no poder ver a algún miembro de la familia, tener mucha insistencia en algo, etc. Lo mejor es siempre acudir a unos buenos médicos, armarse de paciencia y tratar a quienes lo padezcan con enorme ternura y comprensión. Pensemos que mañana mismo nos puede tocar a uno de nosotros. También es muy importante contactar con algunas Asociaciones dedicadas a esta enfermedad como ‘AFALcontigo’.

Nota: Mi abuela se llamaba Marina y nos dejó hace más de 30 años creyendo que mi padre era uno cualquiera y, mi madre, su madre.


P.D: Dedicado a mi Abuela, y a todas aquellas personas que hayan o estén pasando por algo parecido, para que les sirva de aliento.

6 comentarios:

Híspalis dijo...

He tomado prestado el título de esta entrada del blog de mi querido amigo Juanma 'Olvidos y rercurdos'... no encontraba un titular mejor, espero me comprenda.

Saludos a tod@s y gracias por estar siempre ahí esperando alguna actualización.

Juanma dijo...

No es necesario dar explicaciones ni tomar prestado lo que es tuyo, querido Pepe.

Me hiciste llorar. No sé qué decir. No estamos a salvo. El amor, el cariño y la comprensión son los mejores analgésicos que se pueden administrar. Ojalá la ciencia médica, algún día, pueda añadir algo más.

Besos para tí, para Nuria, para Laura. Y besos muy requetegordos, así con achuchón como hacen los abuelos, para la madre de Nuria...o para su hija.

sevillana dijo...

Querido amigo yo bien se lo que es el Alzhehimer, a mi madre se lo diagnosticaron y yo fui hasta el dia de su muerte su cuidadora, empiezan olvidando cosas, ven alucinaciones, cosas que no existen y ellos en cambio las ven, poco a poco van perdiendo el movimiento hasta que dejan de andar, dejan también de comer alimentos solidos, todo ya es papillas y líquidos y al final dejan de hablar, no es porque no quierean sino porque no saben.

Como ves de este tema estoy bastante puesta pues he pasado ya por ello, me moví por todos los organismos que te puedas imaginar para saber sobre las ayudas, pero son muy pocas todavía las que hoy existen.
Saludos

El callejón de los negros dijo...

Entrada preciosa y merecida.

Antonio

No cogé ventaja, ¡miarma! dijo...

Preciosa entrada, se nota que hay muchos recuerdos y cariño en ella.
Dios nos libre de esta enfermedad tan destructiva para todos.
Un abrazo.

Anónimo dijo...

Lo has contado de una manera extremadamente tierna, y menos mal que lo he leido en el trabajo porque si lo llego a leer en mi casa, lloro hasta "jartarme". Amigo Híspalis tienes la gran habilidad de llegarnos al corazón y sacar el poeta que tienes dentro con mucha facilidad.

Preciosos homenaje.

Un Abrazo.

El Arenal de ideas.